Desde hace casi cinco décadas, el comercio de hojas de coca está en el centro de la polémica. Sin embargo, en poco más de cinco años la actividad ilícita que genera millonarias ganancias registró un crecimiento exponencial. De las compras clandestinas en puntos específicos se pasó a emprendimientos acompañados por fuertes campañas de marketing y una creciente competencia comercial.
“El coqueo siempre existió, pero no era fácil conseguir el producto. Había muy pocos lugares para comprar. Ahora te lo venden en todos lados”, dijo Luis Martínez. “Tenés para elegir. Antes, un amigo de Salta o de Jujuy tenía que traerlas bien guilladas para no terminar preso. Consumías cualquier cosa”, añadió el pescador. El comisario Jorge Nacusse, jefe de la Dirección General de Drogas Peligrosas, coincidió con esa mirada. “Comencé mi carrera en los años 90 y en esa época decomisar tres kilos de ese producto era un logro impresionante. Hoy la fuerza concreta procedimientos mucho más grandes”, indicó. “Esto tiene que ver con la masividad del coqueo. Los hábitos cambian a una velocidad mucho mayor que las normas”, se lamentó.
El investigador se refirió a los grises legales que existen en el país. En la Argentina, desde fines de los años 80, está permitido coquear. Sin embargo, nunca se derogó el decreto de 1978 que impide la producción e importación de la hoja de coca. Por lo tanto, su transporte y comercialización continúan prohibidos.
Como suele ocurrir cuando la demanda social entra en conflicto con las prohibiciones, los mercados ilegales terminan fortaleciéndose. En Tucumán, durante 2025, se secuestraron más de 16.000 kilos de hojas de coca con destino a la provincia y a otras 13 jurisdicciones del país. Esa cantidad, que según los especialistas podría representar apenas el 30% de lo que realmente se contrabandea, podría generar ganancias de hasta $1.500 millones.
Diferencias
“Además de que no había muchos puntos de venta, consumías lo que conseguías. Antes estaban tan secas que te lastimaban la boca. Ahora tenés hasta hojas saborizadas. Pero hay otra cuestión: años atrás, el coqueo no estaba bien visto. Hoy vas a una reunión y más de la mitad lo hace. Mi hijo me cuenta que pasa lo mismo incluso en los boliches”, explicó Esteban Herrera.
En 1961, durante una convención realizada en Viena, especialistas de la Organización de las Naciones Unidas solicitaron a los países miembros que prohibieran su consumo. “Se trata de un vicio indígena propio de personas con carencias alimentarias y condiciones de trabajo excesivamente duras. Si existieran mejores condiciones de vida, esa población no acullicaría”, argumentaron.
“Ahora es toda una exquisitez”, ironizó Fernando Ruiz. “Tenés la elegida, la despalada, la machucada, y lo único que falta es que saquen una versión baja en calorías”, bromeó el empleado bancario. “El consumo terminó transformándose en una moda que incluso impuso gustos. Coqueadores éramos los de antes”, agregó entre risas.
Tanto es así que uno de los grupos que distribuyen el producto a nivel nacional hizo una insólita publicación en su página de Instagram. “La camioneta es un detalle. Lo que importa es lo que carga: la mejor hoja del país”, se puede leer al pie de una foto en la que aparece una Hummer amarilla con el logo de la marca. “No es solo hoja de coca. Es calidad seleccionada, presencia real y el sabor de un producto que no se compara. No es solo para los de arriba. Es para el que conoce la diferencia”, añadieron.
“Puede sonar exagerado, pero históricamente las hojas de coca se vendían en bolsas verdes. Hoy los envoltorios son amarillos, rojos o azules. Eso demuestra que hay una estrategia comercial y varias marcas disputándose el mercado. Lo llamativo es que todo es ilegal”, señaló Mario Fernández.
Los consumidores no se equivocan en la comparación. De la clandestinidad se pasó a la aparición de marcas tucumanas con proyección nacional. En las décadas de 1980 y 1990 alcanzaban los dedos de una mano para contar los puntos de venta. Hoy, los quioscos de toda la provincia la comercializan como un producto más. Antes la difusión era boca a boca; ahora las redes sociales están repletas de ofertas.
Uno de los grupos investigados tiene su base en Yerba Buena y cuenta con un ejército de promotoras que se presentan en bares, boliches y eventos sociales y deportivos para posicionar la marca. “Esto ya es directamente un abuso. No sólo denigra a las mujeres, sino que además utiliza estrategias de marketing para promover un negocio ilegal”, sostuvo un funcionario de una fuerza federal, que confirmó que estos grupos están bajo investigación.
A partir de información surgida de esa pesquisa, LA GACETA pudo reconstruir parte del funcionamiento del circuito. El producto ingresa ilegalmente al país desde Bolivia, principal origen de la coca que se comercializa en las calles tucumanas.
No obstante, en redes sociales también se ofrece hoja producida en Perú y Colombia. “No tenemos registros de ese tipo de mercadería. Es muy difícil que se realicen envíos desde esos países por la distancia que deben recorrer. Incluso podría tratarse de un engaño para aumentar las ganancias”, explicó un investigador.
En Instagram, uno de los grupos bajo la lupa publicó un llamativo reel en el que una mujer afirma: “Queremos mostrarte que nuestras hojas de coca están en drugstores, supermercados y estaciones de servicio de todo el país. La calidad del producto nos permitió llegar a un nuevo público comercial. Si estás en Argentina y querés vender nuestra marca, contactate con nosotros”.
En el video se observan trabajadores colocando las bolsas dentro de cajas de cartón de otros productos para evitar que los envíos sean detectados por las autoridades. En la misma publicación se informa que la mercadería se comercializa en San Luis, Santa Fe, Río Negro, Córdoba, San Juan, Mendoza y Corrientes. Por el Operativo Lapacho, las autoridades sumaron indicios para sospechar que Tucumán se está transformando como un centro de acopio y distribución de hojas de coca que ingresan de manera ilegal al país.
No sólo de la coca viven los comercios especializados del rubro
La expansión del comercio de hojas de coca impulsó la aparición de negocios especializados que no sólo venden el vegetal, sino también otros productos vinculados al coqueo. Además del tradicional bicarbonato o “bica”, ofrecen versiones saborizadas de limón, piña, chicle, sandía, Red Bull, maracuyá y menta, entre otras. Algo similar ocurre con la yista, que incluso se comercializa en una variante con bajo contenido de sodio. Los valores promedio de estos agregados oscilan entre los $200 y los $4.000.
Los consumidores también pueden adquirir “coqueros” de cuero para guardar las hojas, con precios que parten desde los $5.000, y “bisqueros” artesanales, que cuestan alrededor de $4.000, o de plástico, a $1.500. La oferta se completa con distintos derivados del vegetal, como saquitos de té ($25.000), coca picada para agregar al mate ($10.000), caramelos ($1.900), harina ($1.900) y cremas ($3.500). En algunos casos, estos comercios también incluyen en su catálogo aceite de cannabis, cuyo valor ronda los $10.000.